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Juan Carlos Arrieta: «Un ‘picapiedra’ en el equipo».

Juan Carlos “Narigón” Arrieta, un aguerrido del mediocampo. Reconocido por su excelente dinamismo y su gran despliegue dentro de la cancha. Hoy, es el turno de hablar con él.

“La pelota era el único juguete que teníamos cuando éramos chicos y enfrente de casa teníamos una canchita donde pasamos la mayor parte del día. Te podés imaginar que era lo único que había para entretenerse”, comenzó relatando el “Narigón”.

Contó que “cuando tenía 7 u 8 años arranqué jugando al baby fútbol en el equipo de Villa Arias, pero duré poco. M enojé con el técnico y no jugué más”, entre risas. “Después participé en los equipos de fútbol de la escuela N°7 también de Villa Arias”.

Respecto a su llegada al rojinegro, Juan Carlos dijo que “cuando terminé de participar en un intercolegial me habla Don Delprado, que era ayudante de Don Enrique Báez, que era el técnico de la octava división del club. Ahí empezó mi lazo personal con Sporting”.

“Arranqué en octava del club. En esa época había dos equipos de mi clase, uno jugaba en la Liga del Sur y el otro era de la escuela de fútbol. Jugué hasta fines del ’87, después volví en el año 1989 y me subieron a reserva y al año siguiente el “Sombra” González me empezó a tener en cuenta para Primera”, relató al momento de hablar sobre sus inicios hasta el debut.

Ingresando en esto último, Arrieta sorprendió al contarnos sobre su estreno con la Primera División: “la verdad que no me acuerdo el día del debut, sé que fue en el año ‘90 pero no recuerdo ni contra qué equipo fue, ya que en anteriores oportunidades fui al banco de suplentes, pero no se dio la oportunidad de entrar a jugar”.

“Se me viene a la memoria el momento de la entrada en calor al costado del banco de suplente más cercano a la calle Mitre, y la hinchada me alentaba como si fuera un jugador con 100 partidos en Primera”, dijo casi riéndose. “Recuerdo que entré en el segundo tiempo ya cuando finalizaba el partido, pero tampoco recuerdo en lugar de quién entré, seguramente por los nervios del momento”, añadió sobre su debut.

En tanto a los recuerdos que le brindó este deporte, dijo que “anécdotas tengo un montón. Una de ellas es haber sido parte de ese equipazo del año ‘90 donde se obtuvo el título de campeón después de muchos años con la vuelta desde Bahía Blanca en esa caravana interminable de gente que nos fue a esperar a la ruta”. Continuó, “más acá en el tiempo, el haber compartido vestuario con muy buena gente tanto del club como los chicos que venían a reforzar al equipo”.

“Otra que me quedó grabada fue en el ’99, cuando jugaba en Pacífico de Bahía y enfrentamos a Sporting. En un momento me arrimo al alambre a buscar una pelota y la gente de la tribuna de Sporting empezó a corear mi sobrenombre. Te podés imaginar qué lindo momento me hizo pasar nuestra gente”, agregó el “Narigón”, dejando en evidencia cómo la hinchada dejó de lado la rivalidad.

Sobre su mayor virtud, nombró la entrega y el sacrificio, agregando que nunca fue “un dotado de calidad, pero siempre hace falta un “picapiedra” en el equipo”. Prosiguiendo por esta vía, recordó su trayectoria como futbolista: “arranqué jugando en Primera en el año ‘90 en Sporting. Luego jugué todo el año ‘91 y después por razones laborales no jugué. Volví a mediados del ‘93 donde jugué hasta fines del ‘98; el año ‘99 jugué en Pacifico de Bahía Blanca y en el año 2000, de la mano del “Pocho” Nieto, volví al club hasta fines del año 2001. Nuevamente por razones laborales el año 2002 no jugué en ningún lado, después en el 2003 jugué seis meses en Sportivo Belgrano de Espartillar. De ahí me llevó de refuerzo Argentino de Pigüé, donde jugué un año y medio y finalicé mi carrera en Automoto de Tornquist”.

Al momento de responder qué compañero lo sorprendió más, el “Narigón” dijo que “sería injusto dar algún nombre. Creo que cada uno tiene una función dentro de un equipo y de un plantel”. Agregó, “te puedo decir que me sorprendió el muy buen vestuario que se armó cuando jugamos el Argentino “B” y llegamos al cuadrangular final. Ni los dirigentes de ese momento querían que sigamos pasando de fases y a base de humildad, trabajo y sacrificio llegamos hasta el final del torneo”.

Referente a su mayor alegría, dijo que “fue poder seguir los pasos de mi viejo y defender los colores del equipo de fútbol que él también defendió”. En tanto a su mayor tristeza, afirmó que “fue no poder retirarme del fútbol con los colores de Sporting”.

“Es una institución donde me enseñaron que para lograr un objetivo se tiene que trabajar muy duro y ser solidario y responsable con tus compañeros, que si no pensamos todos con el mismo fin no se logra nada. Y eso me sirvió para el resto de mi vida”, expresó Arrieta sobre qué es Sporting para él.

En cuanto a los cambios del club, deportivos e institucionales, sostuvo que “las dos cosas van de la mano. Si tenés gente que trabaja para el club, sea desde adentro o desde afuera y tienen los objetivos bien en claro, los resultados vienen solos. Pero eso se logra con gente de bien como la que está en estos momentos”. Añadió, “no es casualidad que los resultados deportivos se estén dando cada vez más seguidos en estos tiempos”.

Cerrando la nota, el “Narigón” habló sobre las amistades que le dejó el futbol: “tengo una forma particular de ser y no soy de tener muchos amigos, pero nunca me lleve mal con nadie.   Te puedo nombrar a Pablo Sánchez, el “Colo” Gauna, Miguel Faiazzo, Adrián Pérez, Ariel Barragán, Silvio Mosegui, Pablo Díaz, Fabián Escudero, Esteban Fuertes y algún otro que seguro me estoy olvidando. Los aprecio un montón”.

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